‘Thank you’

Los niños están emocionados, ríen e investigan cómo se juega a cada cosa. Cuando llega el momento de marcharnos todos corren a nuestro alrededor para despedirnos: manos, abrazos y un ‘thank you’ con el que quieren agradecer nuestra visita. Las que debemos dar las gracias somos nosotras porque nos han robado el corazón con sus sonrisas, sus guiños y su bondad.

Agitada vida social

A la visita de vecinas de Lala seguiría la llegada de Ely. Su familia nos acogería las últimas dos noches en Toujounine. Con ellos recorrimos Toujounine y el puerto, visitamos y dialogamos con familia y amigos, en torno a tés y bebidas típicas mauritanas. La cena y final de la jornada sería con nuestro amigo Sidi Mohamed y su mujer, quien nos esperaba con thiempuyen y exquisitos zumos naturales.

Aires de Toujounine

Entre kas’ras y chabolas, subimos una duna desde la que contemplamos gran parte de Toujounine. Admiramos la mezquita lejana que resaltaba entre todas las casas pobres y escuchamos desde el móvil de nuestra anfitriona un poco de música tradicional árabe interrumpida solo por bromas y risas de niños que actuaban como polizones en toda nuestra salida. Fue entonces cuando pensamos en preparar nosotras la cena de hoy: tortilla española.

Un día cualquiera en Toujounine

Tras una noche en la que el calor nos da una tregua, nos despertamos entre las curiosas miradas de un grupo de pequeños que no se atreven a entrar en la sala donde nos encontramos. Cinco niños son los que comparten techo con nosotras, pero nos encontramos con muchos más que han llegado a la casa que nos acoge. Las pulseras vuelven a ser nuestra forma de acercarnos a ellos para pasar más tarde a los juegos de cartas… y animarnos a jugar un partido de fútbol con ellos, para sorpresa y alegría de muchos: no están acostumbrados a ver mujeres jugando al fútbol.

Manos mauritanas

El “salón de belleza” consiste en una pequeña sala inserta en un gran mercado donde el movimiento de personas y mercancías es constante. En la pequeña habitación no cabe un alfiler. Decenas de mujeres sentadas en el suelo decoran las manos de las clientas, o esperan para ser atendidas. A nosotras el turno nos llegara rápido, pronto una mujer agarra nuestra mano derecha, otra la izquierda, y comienzan a decorarlas desde las palmas a las muñecas.

Peluches… en el hospital infantil

En la sala, las madres y sus niños, están separados en tres niveles de malnutrición, de más severo a más leve. No es fácil decir qué nos impactó más: las madres exhaustas, algunas que no alcanzan la veintena, que nos observaban con cierta desesperación y cansancio, o los niños que ni sonreían ni lloraban excesivamente sino que permanecían ajenos, como desvanecidos. No encontramos aquí las risas de la calle, ni las bromas de los pequeños. Tampoco la energía que nos transmitían todos aquellos niños con los que hemos estado desde nuestra llegada a Mauritania.

Hasta pronto, hasta siempre

Cuando llegó el coche se acercaron muchos más niños, mujeres y mayores. Venían a despedirse y a agradecernos el material escolar y lúdico que habíamos llevado, pero sobre todo, a agradecernos el haber estado con ellos estos días. Puede que lo más duro fuese la mano que se negaba a soltar uno de los niños o sentir que la tela de la melfa te tira porque otro no se quería desprender… quizás los ojos de aquellos que nos miraban como diciendo ¿vais a volver?

Sonrisas en Loudey

La cara que pusieron al ver los juguetes es simplemente inexplicable. De repente, nos olvidamos de la noche no demasiado buena que habíamos pasado por el fuerte viento, nos olvidamos del cansancio y nos volcamos en enseñarles todo lo que habíamos traído. Ellos miraban con los ojos como platos y una gran sonrisa. No tardarían en probar los juguetes y ello nos traería una de las anécdotas más tiernas y divertidas del día.

Tiyania o la alegría

Las tres somos sorprendidas por la visita de Tiyania y su amiga Umukalthum, con quienes nos esperan horas de diversión asegurada. Primero cánticos españoles y risas, como no podía ser de otra manera. Tras comprobar nuestra falta de vergüenza, las dos jóvenes se animan y bailan al son de sus propias canciones.

Hacia Loudey

El viaje pasó sin contratiempos, con numerosas paradas para mostrar nuestra documentación a la gendarmería, como es habitual en todas las carreteras y rutas mauritanas, máxime en aquellas de mayor tránsito. Una de las anécdotas del viaje ocurrió precisamente en uno de los puestos de la gendarmería. Al entregar los pasaportes, el gendarme preguntó “¿y dónde están las extranjeras?” Todos reímos: con nuestras melfas pasábamos totalmente desapercibidas.